El mar del pacífico es un viejo memorioso que
mesa su cabellera, crespa y encanecida, y al instante en que expira un aliento
salobre recuerda los reinos de lontananza, esos de donde las quillas de los
galeones venían rompiendo las profundas llanuras, mientras en sus entrañas
lúgubres el negrerío levantando plegarias y entonaba cánticos plañideros,
esperando en duermevela el encantamiento del mandinga que pudiera devolverlos a
los lugares perdidos.
Todo comienza con la mirada del artista:
contemplativa e impasible, primero; después vehemente y apasionada: Es la
ventana negra del pacífico.
El tráfico de esclavos negros se conoció en
la época colonial como “Piezas de Ébano”, por los tratantes negreros de
Portugal.
Entre el mar y la serranía, la ascendencia de
los morenos, incluidos los que habitan en la comunidad del Xóchitl, está
anclada a los primeros esclavos que arribaron durante el coloniaje español,
provenientes en su mayoría de Cabo Verde, Sierra Leona, Costa de Oro y Costa de
Marfil del territorio que hoy ocupan el Sudán, Congo y Guinea del continente
Africano.
El arribo de este fenómeno migratorio forzado
fue a la Costa Chica de Guerrero, al municipio de Cuajinicuilapa, en las
localidades de San Nicolás Tolentino y Huehuetán, lo mismo ocurrió en el
municipio de Santiago Tepextla, Oaxaca.
Una de las ocupaciones de los esclavos
Africanos fue en las estancias ganaderas españolas que se fundaron en forma
destacada a partir de la segunda mitad del siglo XVI en el municipio de
Cuajinicuilapa; También, fueron destinados a diversas actividades productivas
como: La minería, de arrieros que trajinaban con mercancías a la Ciudad de
México, a los trapiches en las plantaciones azucareras, a la siembra de algodón,
y no faltó que una parte de esta población la destinaron a la actividad
doméstica en las grandes haciendas y en los curatos de las iglesias católicas
al servicio de los curas.
Los españoles procuraban que los negros se
casaran con negras para garantizar los derechos de propiedad sobre la progenie.
A los esclavos Africanos se les arrancó de su hábitat, negándoles su forma de
vida. Su estructura social fue demolida, esta tarea se les facilitó a los
esclavistas porque los esclavos provenían de diferentes etnias y culturas, y
los traían siendo muy jóvenes, la edad promedio oscilaba entre los 16 y 20 años
de edad. A su llegada a nuestro país, se les impuso la lengua del conquistador,
se les quitó su nombre propio para imponerles un extraño. Se les dio un trato
brutal e inhumano, sometidos a barracas insalubres, sin libertad de movimiento.
Por eso, para fines del siglo XVIII y
principios del XIX, cuando el sistema colonial se había resquebrajado, los
negros tuvieron una destacada e importante participación en la guerra de
independencia.
Uno de los narradores de la historia de las
comunidades negras en Cuajinicuilapa, Don Bonifacio Herrera, nos dice lo
siguiente:”Por las noches se asistía a escuchar la palabra de los viejos, las
historias de más antes, a conocer la palabra”.
Los
muertos los sepultaron
como
todos lo sabrán
Adulfo
en Cuajinicuilapa
Julián
quedó en Juchitán
Juntos
nos quedamos bien
dijo
Adolfo Saligán
Adulfo
se despidió
de su
esposa y de sus hijos
hasta
aquí los acompaño
adiós
todos mis amigos
ustedes
me llevarán
hasta
el panteón del olvido.
Los habitantes de esa región de la Costa
Chica están orgullosos de su vida, no niegan su origen ni reniegan de su color.
Soy negro de la costa, a mucho orgullo.
Los morenos que habitan en los alrededores del
campo Xóchitl, también están orgullosos. Su presencia ya lleva varias décadas.
Hoy nos hacemos solidarios con su forma de vida, pues muchos de los que acá
vivimos también somos migrantes, aunque nuestras raíces no vienen de tan lejos,
como la de nuestros vecinos, que reconocemos su largo recorrido, desde ese gran
continente Africano.
Nos hemos propuesto realizar un festival el
día 12 de octubre del presente año, con el único fin de propiciar puentes de
convivencia vecinal.
Juntos y juntas podemos rescatar nuestro Foro
y Deportivo Xóchitl, sin ti el espacio es lúgubre, le faltan las risas de
nuestros menores, ya un grupo de personas adultas mayores se dio a la tarea de
reunirse los miércoles, claro los ancianos son sabios y tienen aún mucho que
enseñar. Aprendamos de su vitalidad y entrega por reconstituir el tejido social
dañado por elementos que no han encontrado otra manera de ganarse la vida.
Es tu espacio, no faltes el 12 de octubre a
partir de las once del día.
Juntos somos invencibles. Juntos somos factor
de cambio.

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