domingo, 25 de octubre de 2015

HISTORIAS COMPARTIDAS

Tlalpan, D.F., Jueves 24 de Septiembre de 2015
LIBRO DE HISTORIAS COMPARTIDAS
PRESENTACIÓN


El miércoles 23 de Septiembre de 2015 estaba asistiendo a la reunión semanal del grupo de personas adultas mayores “Historias Compartidas”, en el foro del deportivo Xóchitl en la colonia Miguel Hidalgo, Tlalpan y en el transcurso de la misma, Mary la facilitadora del grupo hizo la siguiente proposición, que en colectivo y de manera voluntaria escribiéramos un libro que dé cuenta de nuestras Historias Compartidas. El grupo se animó y se comprometió a escribir cada uno algo de su largo caminar.
Así surgió la necesidad de tener nuestro propio libro, con nuestros propios relatos, y cada uno escribiría su propia historia, sin intermediarios, en vivo, en directo y a todo color. Yo me dije: ”Quiero verlo con mis propios ojos”.
El miércoles 30 de Septiembre del año que corre iniciamos la aventura. No era una ocurrencia cualquiera, se trata de poner en blanco y negro las vivencias de cada uno y una de las integrantes. Algo diferente, con un escritor colectivo, sin “Mano Negra”, sin manipulación. Cada uno y una desde su sentir y su pensar escribiría lo que su consciencia le dijera. La idea es fantástica, pues no es un grupo común y corriente, por eso ese día que escuche la provocación, puedo, de manera vívida, recordar lo que sentí en mi corazón. Fue como si una corriente eléctrica recorriera el foro y alumbrara a todos y todas las que integramos el grupo.
Experimentar esta sinceridad del grupo con tanta libertad me conmovió. No dudo que los talentos empezarán a fluir. Ya que las personas adultas mayores no tenemos nada que ocultar, lo que hemos vivido nos da la confianza de hablar con sinceridad, lo único que nos anima es servir al otro y a la otra que aún siguen atrapados en la desesperanza, que se encuentran solos, encerrados en cuatro paredes, sin ayuda y sin poder darse la oportunidad de mirar lo que hay a su alrededor.
Cada semana se alimentará el libro con nuevas palabras que brotarán del corazón. Sin lugar a dudas es un acto de valentía escribir, pues a muchos se nos dificulta agarrar un lápiz y recordar los años escolares, parece que el tiempo se fue y no vuelve, son trampas que te pone la mente para no hacer nada extraordinario; sin embargo, pronto los sentimientos cobrarán vida. Volver a mirar el pasado, a unos nos hará llorar, a otros los pondrá felices, así es la vida, es como un río que fluye, por momentos es caudaloso y parece que saltará el cauce, en otro tiempo corre como un hilito que parece que va a desaparecer, pero es maravilloso volverse a encontrar con uno mismo, sin importar las circunstancias de la vida. Día a día, momento a momento, de instante a instante a sí ha ido corriendo nuestra existencia.
Al principio aparecerá como un desorden, que no tendrá ni pies ni cabeza, pero eso es lo interesante, por sí solo el libro encontrará su forma, pues cada quien desde su trinchera escribirá lo que le venga en gana, en completa y absoluta libertad, sin reservas. No habrá ninguna restricción, pues se trata de un ejercicio creativo, como el embrión en el vientre, solo y de manera misteriosa va creciendo y agarrando su forma.
Es posible que para algunos recordar su historia les hizo volver a abrir sus heridas que pensaban que estaban cicatrizadas, pero al tocar la llaga volvió a sangrar, eso es un síntoma de que algo aún anda mal y hay que sanear; para otros ha sido muy grato volver a traer a la memoria cuadros inolvidables que vivieron con sus seres queridos, pero así es la vida y hay que vivirla con pasión y emoción. Que alegría volver a vivir momentos de la infancia, regresar en la mente a la escuelita, recordar a los compañeritos de salón, los juegos sencillos pero festivos, las travesuras, las idas de pinta, en fin tantas cosas que estaban en el baúl del olvido. Bienvenida esta genial idea de escribir juntos y juntas nuestro propio libro de Historias Compartidas.

VOLVIENDO A RECORRER MIS ANTIGUAS VEREDAS

El día pasa de manera inadvertida; otro día se va sin sentir, monótono, sombrío, muy despacio como si estuviera contando los pasos. Volví a recorrer mis caminos de regreso a casa; levanté la mirada, vi el cielo gris, todo parecía indicar que se acercaba la lluvia. Quería apresurar el paso, pero mis rodillas se resintieron, no entendían cuál era la prisa, yo si entendía que las gotas de otoño harían mella en mi cansado cuerpo, resentirían la frialdad y afloraría la tos. Quería y no podía acelerar el paso, mis recuerdos me frenaban los pasos, pues las paredes mentales no eran de mi agrado, pero eran las únicas paredes que soportaban mi soledad. El tiempo de primavera se había ido y con él la facilidad para vagar al aire libre sin importar el clima. En primavera a quien le importa el tiempo, aunque sea mal tiempo, pues el frío, el calor, la lluvia, todo es tolerable, hasta la soledad es tranquilidad, al fin y al cabo yo la había construido en un gran trecho de mi vida.
No fue fácil. Fue la obstinación. El negar que ya fue. Sin embargo, aquel día en particular, mientras disfrutaba de mi tiempo con el Espíritu, me sentí como mi mente se fue volando hasta el momento en que llegué al mundo. Soy Roberto Zavala Meneses y recuerdo que nací un día jueves 22 de febrero de 1951, a las 5 de la tarde, en una serranía del municipio de Huehuetla, Hidalgo. La señora Úrsula del Barrio Cuauhtémoc fue la comadrona que me hizo el favor de aterrizar en ese bello territorio, lleno de riqueza natural. Mi padre estaba alarmado, dijo: “Ya la chingamos, el segundo varón que se cría y está defectuoso”, había nacido con un pie doblado como de chivo, la partera, una mujer muy experimentada se dio cuenta de la situación y mandó a mi papá a pedir unas tablillas de cartón para entablillar mi pie, y bastó un poco de tiempo para que el volviera a su lugar. Mi mamá me contó que pocos días antes del alumbramiento se había rodado de las escaleras del tercer piso por los asuntos de la comida, había subido a ver si ya estaba el café para el desayuno y al bajar que le ocurre el accidente, solo fue el susto y de ahí no paso, hasta que dio a luz, ahí resulto la consecuencia del golpe.
Así ocurrió mi llegada a este mundo, así fueron las cosas, nada del otro mundo, golpes de la vida. En eso estaba cuando vino a mi mente otro pensamiento, en esta ocasión me llevo al río, a mi corta edad se me hacía imponente y mi padre me metía, yo montado en su espalda el nadaba contra corriente, pues era un excelente nadador y le gustaba sentir la fuerza del río. Yo me acuerdo y se me vuelve a enchinar el cuero, como si fuera ese día, pues tenía miedo de soltarme y que me arrastrara el río. En el pueblo es costumbre que los niños, antes de aprender a caminar tienen que saber nadar, por eso desde recién nacidos las mujeres los llevan al río y mientras lavan, los niños y las niñas las meten en una pequeña poza y así van aprendiendo a nadar. Esa es la costumbre, pero me imponía el río, pues en ese tiempo era muy caudaloso, y aunque nadaba en la espalda de mi padre eso no me libraba del miedo. Tengo que decirles que nací en el seno de una gran familia, mi madre tuvo diez hijas y tres hijos, en total trece hermanos, y siempre íbamos los tres al río y a los tres sumergía para nadar. Que experiencia, eso me enseñó a dominar el miedo al río.
Luego, no sé por qué mi mente voló de nuevo, en esta ocasión fue un día viernes 27 de Enero de 1962, tenía diez años, estábamos a tres días para que iniciara la feria más importante del pueblo, “La de la Candelaria”, para ese entonces mis hermanas ya estaban en la ciudad de México, a mi corta edad pensé que a mis dos hermanos y a mí nos habían dejado en el pueblo para quedarnos con mi hermana Margarita, pues teníamos una tienda, la más grande del pueblo y estaba bien surtida, pero no era así, por eso ese día 27, con sorpresa nos dijo mi papá nos vamos del pueblo, yo sentí que me habían arrancado como una planta de su estado natural para ser trasplantada en otro sitio inhóspito. Fue un duro golpe para mis pocos años de vida. Esa mañana puse mi vida en un morral y me la eche al hombro. Representó un cambio drástico de vida, no me acostumbre del todo, me volví inseguro, temeroso, de todo dudaba. Me embargo la soledad, no tuve amigos, solo acompañantes de viaje. Era un solitario. Me aislaba del resto, hasta para comer lo hacía solo, acompañado de mi madre. Así fueron transcurriendo los días. Mi primera parada en la Ciudad de México, fue en una colonia de Iztapalapa, Las Granjas de San Antonio, mi papá había rentado un cuarto en un segundo piso de una vecindad, con baño compartido y yo era el encargado de comprar las tortillas, 4 kilos que con dificultad embolsaba. Me inscribieron en la escuela primaria Lic. Adolfo López Mateos en el tercer grado. La escuela estaba muy cerca de la casa, Para mi fortuna solo estuvimos un semestre en esa vecindad y nos cambiamos para la “Coyotera” así le decían a la colonia Hidalgo de Tlalpan. Para mi cambió la vida y desde luego el paisaje, tenía mucho de parecido a mi pueblo, con muchos árboles y agua en abundancia, hasta su manantial, conocido como las Fuentes Brotantes tiene y ahí me iba a sumergir a la usanza de mi pueblo, encuerado, aunque el agua es helada eso no me importaba. Para ir a la escuela, nos salíamos mis dos hermanos y yo a las seis de la mañana, bajábamos por la calle Corregidora corriendo junto con los obreros que iban a sus trabajos. Yo me sentía feliz, corría sonriendo, ya los trabajadores nos conocían y bromeaban con nosotros, el camión lo tomábamos en San Fernando que nos llevaba hasta Municipio Libre, por la calzada de Tlalpan, de ahí tomábamos otro camión que nos llevaba hasta las Granjas de San Antonio, nunca llegamos tarde a la escuela.
Les comenté que mi familia es numerosa, pasamos carencias, para ayudar a la economía, en las tardes, después de comer me ponía a recoger vidrio, metales, cartón y papel que vendíamos en los desperdicios industriales. Terminé mi primaria en la escuela José Azueta de la Fama.
En eso estaba, cuando mi mente en un abrir y cerrar de ojos, me traslada a mi ingreso a la 29, la secundaría del centro de Tlalpan. Para mi mala suerte que me expulsan por mal comportamiento, solo me aguantaron unos cuatro meses. Pero recuerdo que antes de este suceso, un viernes al salir de la escuela, con uniforme de deportes me fui de pinta a Acapulco con una bola de revoltosos, sin un quinto en la bolsa, nos fuimos de aventón, el primer camión que abordamos era uno de redilas, el chofer nos engaño y cuando llegamos al polvorín, nos dijo ya llegamos a Acapulco. Cuando caímos del error, esperamos otro aventón, así llegamos al puerto, claro al no tener dinero, nos quedamos en la playa, ahí en una palapa, para comer nos íbamos al mercado para juntar los sobrantes que tiraban los comerciantes. Una semana inolvidable en el mar. Apenas tenía 13 años a cuestas.
En ese momento, otro recuerdo irrumpió en mi pensamiento, era el tiempo de mi ingreso a la preparatoria No. 5 de la UNAM, aún recuerdo su lema: “Alfalfa, cacas y vacas arriba la facultad de Coapa”, corría el año de 1968, año de mucha turbulencia social, los chavos con facilidad abrazábamos la lucha callejera, lo que sobraba era energía. Me enrole en ese movimiento desde la vertiente de las comunidades eclesiales de base, las famosas “CEB”, de la teología de la liberación. Un cura hipíteco, de los claretianos marcó esos años juveniles, se trató de Enrique Marroquín, un cura metido en los arguendes sociales y en la mariguana, el peyote y los hongos. Todo un caso. En ese año de las olimpiadas entré a trabajar a la Villa Olímpica, fue un gran brinco para mi escasa economía, mi labor era acompañar a los atletas a comprar sus regalos, principalmente al zócalo capitalino, les gustaba comprar los sombreros de mariachi. En ese año, también hice mi primer regreso a mi pueblo, lo hice con 11 muchachos y ya en el pueblo organizamos un partido de futbol. Nunca imaginé que ese cascarita de futbol sería el detonante para que se iniciara una liga de ese deporte en el pueblo.
Mi pensamiento estaba enfocado en todas estas cosas cuando de nuevo me encontré en la facultad de economía y seguía con las mismas utopías, el cambio social, para entonces ya me había enrolado en un grupo de pensamiento Maoísta, que creía  que el verdadero cambio solo podía surgir del mismo pueblo, su lema: “Solo el pueblo salva al pueblo”. En esas locuras andaba. En eso estaba cuando mis pensamientos me volvieron a llevar a otro momento, en esta ocasión fue al año de 1979, yo trabajaba con los muertos en el anfiteatro del centro médico nacional, del IMSS, y me encuentro a una muchacha del barrio, que iba acompañada de su hermana, rápido sin pensarlo, me dijo “guaparras” mi hermana anda sola porque no te animas con ella, yo todo temeroso pero que me animo a invitarla a salir, y no tardo el acuerdo en diciembre el mero 31 que me caso por lo civil. Al año llego mi primera hija, y como seguía de romántico le puse Argelia, pues en ese momento estaba la lucha de liberación de ese país africano, nació el 31 de Octubre de 1980. Argelia, mi niña, apenas tenía unos meses, cuando un compañero de la facultad me invitó a trabajar a delegación de Morelos de la Secretaría de Programación y Presupuesto, y cada mañana a las 6 de la mañana agarraba camino a la ciudad de la eterna primavera, toda una locura, en ocasiones por falta de dinero me tenía que ir de aventón. El día del terremoto de 1985, me agarró en el puente de la autopista, no me imaginé la magnitud del sismo, solo al llegar a Cuernavaca caí en la cuenta de la gravedad del asunto, con Ezequiel conseguimos una camioneta para trasladar hielo al parque de béisbol del centro médico, que era necesario para conservar los cadáveres.
La mente no para y de repente otro pensamiento afloro,  me traslada al año de 1989, nace mi segundo hijo, lo llamé Salvador, por la lucha guerrillera de ese pequeño país centroamericano, no logre mi propósito, se impuso la tradición, llamarlo como su padre. Ni modo, pero para evitar el desgaste acepte. En ese año trabajaba con los refugiados centroamericanos que estaban huyendo de la guerra, trabajaba en el Alto Comisionado de  las Naciones Unidas para Refugiados, ACNUR por sus siglas, me encargaba del departamento de economía, era el encargado de implementar los proyectos de subsistencia para algunas familias refugiadas, eso me ayudo a conocer otra gente y otras necesidades. Servir es algo que me apasiona.
En esos enredos andaba cuando otro pensamiento aparece, en esta ocasión es en el año de 1994, y trabajaba para los niños de la calle, allá por la Santa María la Rivera, en un baldío, frente a lo que fue la estación de ferrocarriles de Buena Vista, en lo que había sido un restaurante de la pareja de Rafael y Rafaela, viví un grupo de callejeros, ahí me metía, con mucho miedo, pues entre estos adolescentes chocolates, porque todo los “choca y nada les late” convivían una jauría de unos 50 perros, igual callejeros; pues dicen los que no saben, que el perro es el mejor amigo del hombre, cuentos, pero ahí estaban, y a mí me atemorizan los perros, pero era mi trabajo y tenía que visitarlos, ahí conocí al manitas, un chamaco que no le crecieron los brazos y las tenía pequeñas. La líder del grupo era una joven, a la que le decían Marta, ella tenía su método para controlar a la jauría, me decía: son como perros que andan tras la perra como si estuviera en brama, y yo decido con quien me meto, tiene que ser capaz de controlar a los otros, someterlos, ese es el acuerdo. Mientras los controle me tiene, cuando no pueda, lo cambio, esas son las reglas de la jungla, el más fuerte domina a los demás. 1990 nace mi tercera hija y no podía cambiar mi manera de ser, le puse Irlanda, pues el país de Irlanda libraba una guerra por su independencia y tenía su ERI, que era su ejército de liberación.
Ya paso el tiempo pero, yo sigo siendo el mismo soñador de siempre, ocupado en las causas sociales de los menos favorecidos, ahora desde otra vertiente, la cristiana. Ahora comprendo que mi causa “No es con ejército ni con fuerza es con el poder del Espíritu”.
Me falta mucho por cambiar de mi manera de ser, estoy en el camino del Señor, estoy renovando mi manera de pensar, ya no dependo de mí, es el espíritu el que me guía. Ya no estoy solo, le pedí al Espíritu Santo que sea mi amigo. Yo quiero tener una profunda amistad contigo.

GRACIAS PAPÁ
Nací en el seno de una familia campesina, muy tradicional. Para mi fortuna mi papá no fue un hombre católico, era un creyente social, muy afortunado para que lo buscaran para compadre de algún acto religioso, que aceptaba de buena manera. Fue un hombre sencillo, pero muy firme en sus decisiones.
Del pueblo que me vio nacer, lo que más recuerdo era el cielo estrellado, las altas y verdes montañas y su rio, que de pequeño era caudaloso, y en septiembre se convertía en una amenaza, sobre todo para las personas que vivían en la rivera, cuando salía de su cauce, arrasaba con las casas modestas que encontraba a su paso. Algo que anhelé y no pude lograr fue aprender a montar a caballo, curioso porque en la casa mi papá fue un excelente corredor de caballos y tenía dos ejemplares, pura sangre.
También recuerdo que fui muy malo para la escuela, repetí tres veces el primero de primaria, y no pude aprender a leer, lo hacía de memoria y no sé cómo me aprendía algunas lecciones, solo con oírlas de mis compañeritos del salón. En cambio los números me atraían de manera especial, me divertía sumando, restando, multiplicando y dividiendo. Fue mi fuerte la aritmética.
De pequeño intenté aprender a tocar la armónica, por ese motivo, una tarde de plaza, en plena feria del santo patrono, que era cuando llegaban los comerciantes de esos artículos y para comprar la dichosa armónica, intenté hurtar el dinero a mi mamá. Sabía dónde lo guardaba, encima de un ropero de cedro muy alto, busqué la forma de alcanzar la bolsa del dinero, para eso me auxilié de una silla de madera que tenía barrotes, era pequeño, tendría unos seis años y no alcanzaba, me trepé en los barrotes y ni aun así logre llegar a la bolsa, por mi desesperación me subí en una de las puntas de la silla y zas que se va de lado y yo me inserté en la punta de la silla en plena panza. Por temor me fui a acostar a mi catre de lona y esa tarde de domingo y toda la noche me desangré. Al siguiente día, lunes, al no levantarme fueron a ver que le pasaba al dormilón y que descubren con asombro que el catre estaba lleno de sangre. Por gracia ahí estaba Don Salí, un hombre de origen judío que hacía las veces de doctor en el pueblo, y al revisarme que se alarma y le dice mi papá, este machacho se muere, lo tenemos que sacar de emergencia a Pachuca. Dios estuvo todo el tiempo conmigo. Esa mañana de invierno, como de costumbre pasaba, no había amanecido con neblina y pudieron aterrizar las avionetas, en el primer viaje salimos con rumbo a Pachuca, la capital del Estado, del campo de aviación al hospital Inglés, el director del mismo fue quien me revisó, y le comunicó a mi papá, el niño viene muy mal, no tiene caso que se le haga nada, la peritonitis es muy avanzada y de nada servirá lo que se le practique alguna intervención. Mi papá le rogó que hiciera el esfuerzo de salvarme, sin importar los resultados, lo importante era hacer el intento.
El precio de la armónica resultó muy cara. Gracias a que mi papá cubrió ese enorme gasto sigo con vida. Fue un milagro. Fue por Gracia.
En ocasiones uno da vueltas y vueltas y el desgaste es tremendo y los resultados escasos. Después de ese accidente mis pasos se volvieron inseguros, pero sirvieron para tener más cuidado para hacer las cosas. Después de esa caída, fue poco lo que avancé, pero ese poco logró mantenerme con vida.
En Huehuetla la casa es grande, con terraza y toda la cosa, es un buen mirador para apreciar la plaza y las altas montañas, en cambio en la ciudad la casa es modesta, pero cuento con una familia.
Ya para concluir mi primaria en la José Azueta, también me preparé para hacer mi primera comunión, los sábados íbamos a la casa de Lalita a prepararnos los niños y las niñas del barrio y una vez al mes nos llevaba a dar un paseo, por lo regular íbamos a San Pedro Mártir, a la iglesia, en una de esos viajes, y como la capilla principal estaba en construcción, el nieto de Lalita, que le decíamos “el charras” se accidento, como era muy travieso, se subió a una de las bardas de la iglesia en construcción y que se clava una varilla en el hombro derecho, por el percance dejamos el lugar, lo malo es que no tuvo atención y se le gangrenó y a raíz de ese accidente le tuvieron que amputar el brazo completo. Los muchachos del barrio, hasta le cambiaron el mote, en lugar de charras, le pusieron “el Sinaloa”, por la falta del brazo, eran pesados los muchachos. La primera comunión la hicimos en la iglesia de María Reyna de la colonia Miguel Hidalgo, bien uniformados y corbata y toda la cosa.
Éramos pata larga, seguidos salíamos de excursión, principalmente a Morelos y de vez en cuando a las aguas termales de Hidalgo. En uno de esos viajes Adrián, un hermano menor de Roque se ahogó, se metió al rio y no sabía nadar. Malas cuentas de ese viaje.
Seguía metido en el futbolito, todas las tardes nos íbamos a la cancha de básquet de Belizario Domínguez, que se localiza entre San Fernando e Insurgentes, desde las seis hasta media noche no la pasábamos jugando. Eran puras retadoras y éramos tan buenos que nunca nos ganaban. Pronto iniciamos a jugar en el futbol llanero, formamos nuestro equipo y le pusimos “El Valladolid”, éramos la sensación del momento, teníamos bastante porra, mucha gente del barrio les gustaba ir a venos jugar. Toda la palomilla estaba integrada en el equipo.
Claro que mientras me encontraba con mis conocidos la cosa era feliz, pero empezaron momentos, que sin importar el lugar y la circunstancia empezaba a sudar como endemoniado. En todo mi cuerpo corría grandes gotas de sudor, como si me hubieran arrojado una cubeta de agua y me ponía de mil colores. No sabía dónde meterme, sentía las miradas de la gente a mí alrededor, sentía que tenían compasión por mí. Las décadas del setenta, ochenta, noventa y mitad del dos mil me la pasé atormentado. Recurrí a cuanta cosa había y nada. Una tarde al salir de trabajar de Cuernavaca, me fui con rumbo a Tepoztlán, por ahí está un monasterio, sin más trámite me metí, no había avanzado gran cosa, luego un monje me salió al encuentro y que regaña y me corre, me dijo que era un lugar privado y no se podía pasar, intenté explicar mi motivo, no me dio tiempo, me bajo al pueblo dónde se encuentra una capilla, ahí medio me escucho y me dijo, tu problema tiene solución: entrégale tu vida a Jesús, reza un padre nuestro y un ave maría y asunto arreglado, al no encontrar ninguna mejoría recurrí a un brujo, me daba mis limpias y luego me ponía en círculo le echaba alcohol y le prendía lumbre, ahí seguía con la limpia y nada pasaba, seguía igual de enchamucado.
Me fui a meter a un grupo de Neuróticos Anónimos ahí dure varios meses asistiendo a sus terapias grupales, tenía tanto miedo de hablar en público que durante mi estancia en el grupo nunca pude compartir mi historia de locura. Durante una sesión que veo a una persona que conocía, subió a tribuna y que cuenta que él era homosexual. A partir de ese día empecé a buscar la forma de hablar con él. Una tarde lo logré y le pregunte sobre cómo se sentía con esa carga, me dijo que para él no era ninguna carga, que le gustaba su forma de ser. Me pareció extraña su respuesta, pero dije, cada quien es como quiere ser. Dejé el grupo y me fui a otro, ahora de Alcohólicos Anónimos, un grupo de cuarto y quinto paso, y que hago mi experiencia, pero yo seguía igual de perdido.
No paré y busqué a una psicoanalista sin ningún resultado, ella me preguntaba sobre mi vida y yo le daba vueltas y vueltas y lo que me dolía eso nunca lo toqué. Por tal motivo no hubo ningún resultado, al contrario todo iba de mal en peor, y no tardé en enfermarme; la panza se me inflamaba como zapo y no podía obrar. En una de tantas, era tal mi dolor que hasta el hospital fui a parar. Ahí estuve como tres semanas, la primera fue terrible, no había cuarto en el hospital de zona y me dejaron en el pasillo sobre una silla. Encuerado, con una bata que no me cubría bien y con un frío del demonio. Así estuve un par de días, hasta que alcancé una camilla. Estaba con suero y todo picoteado, como me dan miedo los piquetes, las venas se me escondían y las enfermeras batallaban para encontrarlas, mientras tanto seguían picando. Como no avanzaba mi caso, decidió el cuerpo médico que necesitaba una sonda y pacatelas, como tengo la nariz de águila no podían pasar la sonda y aun sangrando sin importarles el dolor me la insertaron a fuerza. Me revolcaba del dolor pero había que aguantar. Una noche era tal mi desesperación y como seguía en la camilla sin pasarme a un cuarto para una mejor atención, decidí quitarme la sonda y las mangueras del suero. Esa madrugada entré a una verdadera guerra espiritual. El señor me permitió ver a los demonios que se encontraban en ese pasillo del hospital. Gritaba y peleaba contra los demonios, delirando le dije a mi hija Argelia que huyéramos que nos estaban cercando los demonios y que había encontrado una salida de emergencia para evitar ser alcanzados por esas criaturas del averno. Las enfermeras no pudieron controlarme. Esa noche me hice sobre la camilla. Fue una noche terrible. Esa parte de mi historia fue muy dolorosa. En las noches no podía dormir, dejaba los focos prendidos y ni aun así lograba conciliar el sueño.
Me volví un gruñón, en mi casa no me aguantaban, me convertí en un solitario. No creía en nadie ni en nada, le eche le culpa de lo que me pasaba al gobierno. En esa mentira basé mi vida. Me metí a cuanto grupo izquierdista encontraba y entre la multitud gritaba, como uno más de los acarreados. Me escondía entre esa gente y así sacaba mi rencor. No daba la cara, solo en la sombra y cuando me atrevía a hablar tartamudeaba. Me dio por leer literatura marxiana y me hice adicto a la oscuridad. Iba a las manifestaciones y en la bola me desahogaba, ahí gritaba fuerte pues nadie me veía, porque todos gritaban.
Una década de 1970 a 1980 me enrede con los curas de la teología de la liberación, a mí de nada me liberaba, pero me metía con ellos para no estar solo. Andaba como a salto de mata, como un delincuente, nada me daba calma, en ningún lugar estaba bien, siempre huyendo de mí mismo y sin saber porque lo hacía.
No me quedaban más que los pobres como yo, por tanto abracé su causa. La lucha de los oprimidos, de los temerosos, de los defraudados, de los endeudados, cuanta lucha aparecía yo me sumaba, fui a dar hasta con los niños de la calle. Hasta allá me llevó mi enfermedad del alma. Eran puros sueños guajiros, pero era mi tablita de salvación, para darle algún sentido a mi vida. La realidad es terca como la burra del tío cleto, ahora hay más pobres. El reino de la oscuridad se extendió y lo que predomina en la sociedad es la violencia, la corrupción y la muerte.
No sé cómo hice un alto en mi camino. Estaba perdido, en un pozo de desesperación. En verdad te lo digo, no sé cómo ocurrió, lo que sí sé es que ocurrió el milagro. Recuerdo la fecha fue un tercer domingo de julio, el día 16 para ser exacto del año 2006. Esa mañana todavía discutí con mi esposa, pero ella tenía necesidad de que yo la acompañara al zócalo de la ciudad de México, su hermano Julio venia de Coatzacoalcos, Veracruz a un mitin de Andrés Manuel y me pidió que la acompañara, y como era tramposo, le dije te acompaño pero antes vamos a ver al notario Alfredo tiene una reunión en su notaria y me invito, con pleito y todo pero fuimos, nos acompañaba Irlanda que en ese entonces tenía 15 años, aun en la puerta peleamos por el horario, yo decía que era a las 10:30 y ella que a las 10, entre gritos y empujones entramos hasta el cuarto piso de la notaria 47, en Acoxpa. Nos recibió un señor de traje, que después supimos que era el pastor. Estaban reunidos un grupo de unas 25 personas, cuando llegamos dos muchachos estaban tocando, uno en una batería y el otro un teclado y a la vez cantaba, ya conocía esos cantos, Genoveva no y le atrajo la música, luego pasaron unos anuncios y que se para un chamaco pelón a platicar, primero dijo que había llegado de Alemania y luego siguió con el libro de Apocalipsis, que decía: “yo te aconsejo que de mi compres oro refinado en fuego” me cayó como anillo al dedo, este canijo está hablando para mí, parece que me conoce, sabe que soy muy codo. Para finalizar preguntó que quien quería recibir al Señor, y Geno que se levanta y que se lleva a Malú e hizo la oración de Fe. Salimos y corrimos rumbo al Zócalo, no encontramos al hermano, pero el día había sido de primera. Esa tarde algo empezó a ocurrir. Una tarde le habla el pastor a Genoveva a su trabajo, de que la quería visitar y ella le dijo que sí, solo para seguir el juego, nunca pensó que el pastor llegara a su casa, pues ella suponía que no conocía el lugar. No  imagino que otro de los del grupo vivía en la misma colonia y él lo trajo, esa persona se llama Carlos Arteaga. Así empezó mi nueva aventura, sin mucho buscar había llegado al lugar adecuado. Los ruidos en mi cabeza, por la cantidad de ideas que se agolpaban en mi cerebro cesaron, los fantasmas y el miedo a la oscuridad se fueron.

ROMPECABEZAS
Jamás olvidaré el día que conocí a Genoveva, esa día de sábado por la tarde como de costumbre me dirigía rumbo al trabajo, laboraba en el anfiteatro del Centro Médico Nacional del IMSS. Corría el año de 1979. Andaba muy desbalagado, de a tiro solo. Mi mayor necesidad era del alma. Hasta ese momento no sabía a ciencia cierta que me ocurría. Ese encuentro, del sábado por la tarde no fue una casualidad, ya estaba preparado por las fuerzas celestiales. Ese día se alumbró mi vida. Dejé la oscuridad. Llegué al trabajo feliz, sin saber porque, hasta me puse a platicar con los muertos. Les conté, hoy conocí a una hermosa mujer y la invité a salir y no se imaginan, aceptó. Estoy muy contento. No sé de dónde saqué fuerzas para hablarle. Estaba temblando, no sabía que decir, solo le dije que si quería salir conmigo, eso fue todo. La veía tan arriba que nunca pensé que aceptara. Pues andaba en las locuras de arreglar el mundo. Era un desastre. Me escondía tras de muchas máscaras. En el trabajo me hice líder sindical.
Por eso, ese encuentro me dio ánimo. Llegó el martes, el día acordado para la cita, el lugar de encuentro Insurgentes esquina Corregidora. Ella trabajaba en el Imán y por las tardes en una escuela de trabajo social. Seguía con miedo, no sabía cómo tratarla, solo se me ocurrió invitarla al cine.
Traía mi vochito amarillo, una carcachita pero jalaba. Pronto ese encuentro fortuito se fue consolidando y se hizo indispensable. Ya la quería ver todos los días. Lo bueno que el cargo sindical ayudo para verla seguido, con la finta de ir al sindicato, me iba a verla. La esperaba al salir de su trabajo y la acompañaba a su casa, me bajaba noche.
Pronto empezamos a reunir las fichas del Rompecabezas, era necesario ordenar y darle forma. Había cosas que sanar por mi lado, por eso desde el principio fui honesto. Le hable de mis dolores y de mis fallas, no deje nada escondido, era necesario hablar con el corazón en la mano. Le hablé de mis problemas y de mis enredos y en que asuntos andaba metido. No sé cómo me aceptó. Le presenté a mi familia, en especial a mi madre y hasta la invité a que conociera mi pueblo, para que viera mis raíces. Para mí ya formaba parte de mi vida, solo hacía falta formalizar el compromiso, así que nos dimos a la tarea de programar en nuestras cabezas la fecha del casorio. Solo contaba con mi trabajo en el seguro y vivía con dos de mis hermanas y mi mamá.
Para programar la fecha del casamiento, nunca se nos ocurrió que teníamos que acudir al registro civil para conocer los requisitos para la boda. Nosotros acordamos que el día adecuado sería el 31 de diciembre, que por cierto ese día cumple años su hermano Jesús. Llego el 31 y nos presentamos al registro civil, que se encontraba en una de las oficinas del edificio delegacional y le dije a la secretaria, nos venimos a casar, ella solo se río y no le dio importancia, me enojé y le solicité que me permitiera pasar a ver al juez, ni siquiera hizo el esfuerzo, ella decidió que el juez estaba muy ocupado y que regresara en enero, después del 7. Para nuestra fortuna mi hermana Elisa trabaja en el mercado La Paz, ahí tiene un puesto de tacos de barbacoa “La Güera”, muy conocida, le dije mi problema, solo me dijo déjame ver si se puede, fue a ver a las secretarias y como la conocían le permitieron hablar con el juez, él la quería mucho y accedió a su petición. Sin más trámite nos casó y que nos vamos al cine a festejar, pues no me alcanzó para la luna de miel, sigue pendiente, pero todo tiene su tiempo.
IGNORANCIA
Al terminar la secundaria, mi papá quería que fuera militar; tal vez porque en el pueblo había una partida de soldados, así que me llevó al colegio militar que en ese entonces estaba en Popotla, cerca de Tacuba a inscribirme para hacer el examen de admisión, que consistía en la parte física y académica. Para lograrlo estuve 15 días internado en sus instalaciones para cubrir los requisitos, éramos cerca de 2 mil aspirantes, muchachos de todo el país. Pasaron los 15 días y siempre hay expectativas, nos formaron en el patio central para leer los nombres de los que habían sido aceptados y por suerte o mala suerte no fui admitido. Como consolación me inscribí en una vocacional del Politécnico, solo estuve en ese plantel un año. Un tiempo estuve de ocioso, hasta que Elías un vecino me animó para hacer el intento de ingresar a la preparatoria No. 5 de Coapa. Termine la prepa e ingresé a la UNAM, a la facultad de Ingeniería, también solo estuve un año y solicite mi cambio para la facultad de Economía, era 1976, concluía su período de gobierno Luis Echeverría. El país ya era un caos en la parte social, se habían conformado grandes movimientos de protesta en los diferentes sectores sociales, ya no eran solo los estudiantes, se habían sumado a la lucha callejera los obreros, los campesinos y los colonos de las principales ciudades del país. Me inscribí en esas protestas en el brazo urbano popular. Acudí a Durango a la conformación de lo que se conoció como la CONAMUP, La coordinadora nacional del movimiento urbano popular, desde la vertiente maoísta.
Cuando uno es joven, lo que sobra es energía y se siente uno muy listo, que todo lo puede uno lograr. Pero el tiempo es un  chicotito que se encarga de poner a cada uno en su lugar.
Me costó mucho sufrimiento entender, ni siquiera comprender lo que había tenido que pagar a causa de la Ignorancia. 40 años me la pase dando vueltas sin ningún sentido. Corría el año de 1966, contaba en mi haber con 15 años, ya me habían corrido de la secundaria, otra vez volví a empezar, ahora lejos de la casa, para que no me vieran que era un fracaso en los asuntos de la escuela. Me fui hasta la calzada de Tlalpan, allá por la colonia Espartaco, cerca del Reloj, claro que era mi iniciativa y tenía que cubrir mis gastos de pasaje. No le avisé a nadie de la casa de mi decisión así que tuve que buscar a una señora del rumbo para que me hiciera el favor de inscribirme en la secundaria 73. Logré mi propósito sin dificultad, pero en mí ya estaba el germen de la rebeldía, mis compañeritos de ocasión eran los más revoltosos, algunos de ellos ya metidos en las drogas, y solo les alcanzaba para el cemento 5000. Acudían a la escuela solo a echar relajo y animar a otros para que se fueran de pinta. No estudiaban, solo iban a hacer travesuras y a drogarse en el patio de la escuela.
Ya para entonces era muy bueno para el futbol. Todas las noches practicábamos el fut-rápido, como ahora se conoce. Todas las tardes desde las 6 hasta la media noche jugando. Dos décadas pérdidas en ese deporte. El dinero decía que no me hacía falta, andaba de prángana, fumaba pero de gorra, nunca compraba cigarros ni cervezas, no gastaba, por lo que no tenía en vicios.
Claro en la prepa, que eran tiempos de los porros, el futbol me sirvió como pasaporte para no ser molestado, que me pegaran o que me robaran cualquier objeto, pues me hice amigo de los porros. Para algo me habían servido tantos años jugando.
Me hice andariego, recorría la colonia caminando, subía y bajaba a cualquier hora de la tarde o noche, pero que difícil fue para mí dejar el temor y creer. Fue una lucha en mi cabeza sin cuartel. Estaba invadido por un montón de pensamientos, todos giraban alrededor de la maldad. Pesaba más la incertidumbre del mundo que la certeza de la fe. Mucho tiempo tuve el viento en contra, además estaba fatigado, desesperado, pensando en dejar este mundo. Por muchos años estuve sordo y ciego y por más que leía no entendía nada. Lo único que saque por las aflicciones es que fui perdiendo el pelo, y eso también me preocupaba. No había visión y por tanto, tampoco había provisión. Vestía de mezclilla y huaraches y me deje crecer la barba y sin centavo en la bolsa. Vivía de las migajas que dejaban los acompañantes de viaje. Soñaba que la lucha guerrillera lograra su propósito de derrocar al régimen corrupto y que cada uno tuviera según sus necesidades.
Me consideraba un ateo y no le daba importancia a las cosas espirituales, más aún negaba que éstas existieran, por más que yo mismo las había experimentado. En una ocasión me quisieron robar, y por el susto, no sé cómo di un brinco extraordinario y los asaltantes se espantaron y me dejaron ir. En otra ocasión, una persona enferma de sus facultades mentales me puso una corretiza con el único fin de que lo matara, salí hecho la raya, no sé de dónde saque fuerzas para huir de ese muchacho endemoniado, no pare de correr hasta mi casa, pues el miedo no anda en burros. Una tercera cosa que recuerdo, que algo tiene que ver con el espíritu, fue una noche del año 2000, salí de Tláhuac más de las 12 de la noche, cuando llegué a Taxqueña no había camiones para la casa y sin dinero, la única posibilidad era caminar. La primera decisión fue definir por donde caminar, por Tlalpan o por Miramontes, la pregunta de fondo era cuál estaba más iluminada, pues era muy miedoso, decidí que fuera por Miramontes, por los bares tenía más tránsito. Iba alerta lo que me permitía escuchar todos los ruidos de la noche. Venía alarmado, pensando haber en que momento me sale algún maloso que quiera robarme, pero lo curioso es que muy poco traía, unos 20 pesos por mucho, pero el miedo nadie me lo quitaba. Caminé tres horas en esa noche de junio, para mi fortuna no había llovido. Los ojos los tenía muy abiertos, las manos listas y los pies dispuestos para correr ante cualquier amenaza. Sabía sin comprender que en la noche los espíritus se mueven, por eso también iba alerta, muy despierto, como ningún otro día ha ocurrido. En un recodo del camino vi como unos policías estaban asaltando a unos homosexuales, sabía que yo mismo podía sufrir esa consecuencia, estaba expuesto a ser asaltado como esas mariposas de la noche. Sentí coraje por el abuso de autoridad, pero me sentía impotente, solo me agaché y aceleré el paso, me daba vergüenza no intervenir por ellos, porque me consideraba un luchador social de las causas perdidas. Ante el peligro inminente, los deseos salen sobrando, es mejor resguardar el pellejo que reclamar ese acto de cobardía de los delincuentes con placa. El ambiente lo sentía pesado, largos trechos del camino eran muy oscuros, densos, la piel se me ponía de gallina. Al llegar a Huipulco, mi corazón bajo su ritmo cardiaco. Me puse feliz, me sentía como en casa, me dio tanto gusto que me compre dos tortas, de esas de dos por una, en uno de los puestos del paradero de Huipulco. Ya estaba relajado, los pasos eran más tranquilos, ya no parecía que venía huyendo de la noche. Todo volvió a la normalidad. Empecé a silbar, las voces de mi mente ya no eran de terror. Ese último tramo del camino lo camine despacio, según yo había pasado el peligro. No supe la hora que llegue a la casa, era de madrugada, los primeros rayos del sol ya alumbraban, y mi ignorancia me perseguía, pues sabía que había sido una locura y una falta total de cordura haber provocado ese terror en todo mi ser.
Era una evidencia clara que seguía en el desierto, sin agua, sin nada, puros delirios y fantasmas rondaban mi casa. Todavía faltaba un trecho por recorrer, para encontrar la puerta estrecha y abrirla para caminar por el camino angosto. Por lo menos me faltaba un lustro, no un sexenio para ver la luz al final del túnel. Mientras la vida se iba como el agua sucia en el lavadero.
Es doloroso reconocer que todo ese trecho del camino lo había transitado con personas incorrectas, de lo vil, de lo menospreciado del mundo, esos eran mis acompañantes de viaje, pues me juntaba con puro endeudado, vagabundos, derrotados, drogadictos, esa era mi palomilla. Mi mentalidad era de esclavo, se me hacía difícil el solo pensar en juntarme con personas de bien o con algún afortunado por la vida, era una traición a mi causa. Al diablo con las componendas, con los acuerdos en lo oscurito y con ser comparsa del sistema. Al menos en la palabra la lucha era radical. Muerte al imperialismo yanky.

BUSCADOR
Había pasado el verano, entraba otoño, sentía que los días ya eran pocos y se iban volando. Atrás se habían quedado las olimpiadas, lejos estaba mi primer retorno al pueblo. Había corrido mucha agua bajo mis puentes de intolerancia. Los ruidos en mi cabeza, como cotorros en desbandada seguían estando presentes. Ya me había convertido en un buscador, lo terrible era que no sabía lo que buscaba. Simplemente buscaba, pues sabía que en mi interior las cosas estaban de la fregada. El romanticismo de la lucha de clases se había derrumbado como el muro de Berlín. Andaba inquieto, nada me calentaba. Sabía que nada tenía y que así no valía la pena seguir.
De vez en vez se me aparecía un recuerdo, como cuando fui a hacer mi servicio militar en San Pedro Mártir. Todavía tenía ganas de luchar, de ser alguien. Recuerdo que en ese año nos mandaron a alfabetizar a un grupo de muchachos de una ciudad pérdida localiza en la avenida las Bombas de la delegación Coyoacán. Eran tiempos de felicidad.
Pronto esos años alegres se esfumaron, apareció el resentimiento, el coraje y también el temor, la duda, la incertidumbre. No sé cuando, pero todo cambió, yo cambié. Deje el futbol, aquello que le había dado sentido a mi vida se quedó atrás, en el pasado, pero que me seguía por todos lados. Me encontré solo, desamparado, sin nadie a quien contarle mis penas, y lo terrible tenía mucho por qué vivir. Qué ironía te juega la vida. Tener todo y nada a la vez. Fuerza contra ignorancia. Pero me sentía aplastado, sin ánimo para luchar por mi vida. El enemigo se aprovecha de la ignorancia de uno. Me apaleó y sin saber qué hacer y a quién recurrir?. Era difícil mi situación, un día me sentía fuerte como un búfalo al siguiente un derrotado.
Durante un tiempo mi escondite fueron las Fuentes Brotantes, en ese precioso manantial me pase muchas horas, me refrescaba en sus aguas heladas, me metía a nadar encuerado. Nunca llegué a pensar que no era el único enfermo, que mi ciudad también estaba enferma, no era aún el nivel que ahora tiene, pero el cáncer ya había invadido el cuerpo social de la ciudad, ya había robos, drogadictos, asesinatos y familias separadas.
El sol se estaba ocultando, aparecían las primeras sombras de la noche. Ese hecho me perturbaba, me ponía de malas. Algo tenía que hacer, pero no sabía qué hacer. Buscaba sin encontrar. La tarde avanzaba incontenible, corría un viento helado, los pájaros también resentían el cambio, no eran tan alegres. El frío de la noche se empezó a sentir con mayor intensidad en mí ser. Quería escapar, huir de mi realidad. En esas aguas heladas poco a poco me iba hundiendo, nada paraba la caída. Me fugaba. Mi refugio era cualquier actividad que resistiera al gobierno, pero nada llenaba mi necesidad interna, cada vez más solo. Nada calentaba mi frío cuerpo. Lo espiritual no aparecía en mi forma de pensar, acudía a la religión sin resultado, era rutina, solo para ver a las muchachas de lejos. No me gusta cantar pero me metí al coro, para sentir que formaba parte de un  grupo. Otra falsedad, otro engaño más. Nada en el clavo, la flecha no daba en el blanco, puras fallas. Pero el tiempo corría veloz su marcha. No había dolor físico, el dolor era del alma. En esta ocasión para hacer frente a mi soledad me fui al bosque de Tlalpan, allá corría, caminaba y al final buscaba un árbol grande y me sentaba en sus raíces, lo abrazaba y le hablaba, sin importar el qué dirán. Le pedía que me ayudara a quitar los ruidos intolerables de mi cabeza, algo ocurría, me relajaba, me llenaba de paz. Ese recurso lo agarré como si fuera una tablita de salvación, así que cada día acudía por mi dosis de paz que me regalaba el espíritu del árbol.
La mayor tormenta de mi vida fue la lujuria, esa ansiedad me estaba matando. Aparentemente por fuera era frío pero dentro era un volcán a punto de estallar y derramar la lava. Esa agitación me estaba volviendo loco.
Para tratar de controlar mis pasiones se me ocurrió formar un grupo de jóvenes en la casa. Así que los días sábados nos reuníamos a reflexionar sobre diferentes temas relacionados con los asuntos de la juventud. Cada trimestre hacíamos una excursión a algún balneario de Morelos, para convivir.
Pero en mi interior el caos aumentaba. Estaba muerto espiritualmente. Y había que buscar otro escape. Para mi fortuna corría el año de 1974 y en ese año los ejidatarios decidieron ampliar la colonia, repartir el cerro y pronto los domingos se hacía una romería, se veían hombres, mujeres y niños ir a hacer faena para obtener un lote para edificar su casa. Miles de personas se daban cita a esa tarea de domar el cerro. Solo había veredas por donde transitar, así que una tarea primordial era abrir la brecha para que entraran camiones a dejar material para la edificación de las casas. Esa oportunidad resultó una forma para fugarme de la enfermedad. Me sume al contingente que acudía a hacer faena, claro yo no buscaba un terreno, era una forma de distraer y escapar a los fantasmas que me atormentaban. Acudía a las asambleas que celebraban los colonos, así conocí a Don Julián, un hombre grande, fuerte, todo un líder natural, y en su casa se realizaban las reuniones. No faltaba a las reuniones, pero nunca me imaginé que un lustro adelante yo me casaría con su hija Genoveva.

LA COYOTERA

Mi vida era un desastre. Por ningún lado veía una salida, así que deje llevar por esa nueva aventura. Ver nacer la semilla que sembraron una bola de personas entre las piedras volcánicas, así surgió la colonia Miguel Hidalgo, Tlalpan. Fue gratificante. Era empezar de cero, nada había, ningún servicio y tampoco ningún apoyo del gobierno. La colonia se construyó a la manera plebeya, con las manos, el sudor y las pocas herramientas de mano de los propios protagonistas del cambio. El agua la acarreaban desde la fuentes brotantes, la luz la traían de largas distancias, miles de metros de cable pasaban por la copa de los árboles, los caminos poco a poco los fueron abriendo. Los autobuses y combis solo llegaban hasta la Veracruz, de ahí a pata, cargando el itakate y las herramientas para domar el cerro. Ya con la primera brecha, Luis Ortega se le ocurre meter una carcachita que le puso “La Calabaza” para hacer los viajes de la gente, no se imaginó que con esta acción estaba iniciando en los hechos una ruta de transporte concesionado, las famosas rutas de combis y micros de lo que ahora son las rutas 39 y 40.
Para mí era una salida, pues trataba de aferrarme a algo que me mantuviera a flote. Conocí a los ejidatarios, pero nunca paso por mi mente solicitarles un lote para cubrir mi necesidad de vivienda.
El esposo de mi hermana Elisa era hijo de ejidatario y por ese motivo conocí el Rancho El Tunal de Guadalupe del Monte del municipio de Apaseo el Grande, allá nació su primer hijo, Héctor. Había sido parte de una permuta por sus terrenos que se encontraban en lo que hoy se conoce como perisur.
La locura en la que vivía me ayudaba a ser inquieto, a andar preguntando, investigando, hurgaba pues no creía en nada, era parte de la desconfianza fruto de la enfermedad del alma. Veía el avance de la colonia y no lo podía creer. Se me hacía increíble que ocurriera y ocurrió. Todo lo tenía que razonar, pues pensaba que la mente era todo para mí. Nunca pensé con el corazón, lo hacía muchas veces con los pies, pero con el corazón ni soñando.
Me quería mostrar frío, calculador, pero en el fondo era un ignorante. Nada sabía ni entendía, solo seguía a la manada, como una oveja más.
Ni un año duró el reparto de terrenos, 169 hectáreas se repartieron en un abrir y cerrar de ojos, era mucha la demanda, así que la coyotera como la llamaban los colonos se hizo realidad. Así surgió la segunda, la tercera y cuarta sección de la colonia Miguel Hidalgo, a base del trabajo colectivo, y yo simplemente era un espectador más. Una persona que se escudaba en esta obra para sobrevivir a mis tormentas.

TALLER INTEGRAL DE ARTE

Al calor de este desarrollo urbano surge a la vida un grupo que denominamos Taller Integral de ARTE, por sus siglas TIA. Fue un grupo de adolescentes y chavos del barrio que con la finalidad de aprender se inició haciendo actividades culturales de música y teatro popular. Se hacían festivales populares con artistas populares de reconocida trayectoria, aca tocaron los Nacos, El Inti yumani de Chile, Amparo Ochoa, Los Folkloristas, y en el teatro popular se trajo al Llanero Solitito con el Cleta, de Enrique Cisneros.
Se publicaba un periódico local que se le puso “El Macuarro” porque mete se cuchara en todo. Se invito a los universitarios de la UNAM y de la Ibero para aprovechar sus conocimientos. Fue una década de lucha popular interesante e ilustrativa. Fue parte de una lucha independiente de los partidos políticos, que se les consideraba reformistas y paleros del sistema. Era parte de la lucha radical, vinculados con la lucha obrera y popular del país. Fue un semillero de cuadros de izquierda.

CONFESIÓN

La palabra de Dios dice: Que con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para Salvación (Romanos 10:10)
Tendría como 5 años cuando una mujer de nombre gloria, amiga de mis hermanas mayores abusó de mí. Fueron atrocidades las que hizo conmigo, y yo muy tarugo me dejé usar, nada sabía, además ese pecado sexual abominable para mi edad me obligó a callar. Tuve que cargar con mi dolor a cuestas como un fardo muy pesado de llevar.
Sin saber porque ocurren las cosas, un día salí del pueblo, tampoco imaginé que ese dolor lo tendría que cargar y llevar conmigo. Después de 7 años regrese al pueblo y para mi desgracia encontré a un joven que era homosexual, yo de inmediato me asocié a él y me hice responsable de lo que le pasó.
Sin saber qué hacer, mi vida cambio para mal. Todo se había vuelto negro. Había pasado de luz a las tinieblas.
Crecí por gracia de Dios.  Era un muerto viviente. Atrapado en la simulación. Nada me llenaba, solo me fugaba, sin estar en paz. Buscaba a las glorias del mundo, locura, insatisfacción, deslizándome en un pozo de desesperación.
Lo único que buscaba era mis delirios y las delicias del mundo y las encontré en una vecina. Habían pasado 20 años y yo respiraba con dificultad, nada me calentaba, totalmente fuera de mí, entre la suciedad de los marranos. De esa locura nació Israel, yo supe de su nombre muchos años después. No tuve el valor de conocerlo, mucho menos hacer algo por él.
Pido de corazón que Dios en su infinita misericordia me perdone. Ya no puedo seguir ocultando este pecado, necesito la armadura de Dios para pelear la buena batalla contra las huestes del mal en las regiones celestes. Espíritu Santo revélame la verdad y dime lo que tengo que hacer.
Canceló de mi vida por la sangre derramada por mi Señor Jesucristo todo pecado que viene del maligno. Confieso que Jesucristo es mi Señor y Salvador personal.
A mis hijos les pido su perdón, si es que pueden perdonarme.
Hoy muero a la carne, soy una nueva criatura. Me arrepiento de este y todos los pecados que he cometido. Hoy hago mía esa declaración de Elías, en 1ª. De Reyes 18:21: “Hasta cuándo claudicaré entre dos pensamientos”. Hoy es mi día de salvación, restauración y perdón. Gracias, Espíritu Santo. Mis pasos transitan por el camino angosto, no es plano, las cuestas son altas, difíciles de subir, pero ahí voy, saltando obstáculos y cuanta barrera se aparece. El río de la vida me lleva dentro de su cauce, en ocasiones la marea me arrastra, pero sigo en la barca. Sé que ya no camino solo y que nunca lo he hecho, pero lo desconocía. Era insensible a este hecho por haber estado muerto.

ESCONDITE

A raíz de mis muchos miedos me escondía de la gente sumergiéndome entre la multitud. En la bola me sentía seguro, pues pensaba que nadie me veía, que para esa multitud era un ser invisible. Ese escondite era una especie de escudo de seguridad, fruto de mis desvaríos.
La espina de la incredulidad fue entrando suavemente, más el fin como serpiente venenosa mordió mi alma, al punto que me convertí en un cadáver viviente. Mis ojos miraban cosas extrañas, mientras que en mi corazón anidó la lujuria. Ésta me agitaba, me metía en un torbellino de locura y me arrojaba lejos, como una embarcación que es arrastrada por las grandes olas de un mar embravecido. Así me sentía y lo peor, así vivía. Atormentado por esos demonios. Estaba herido de muerte. Era una muerte lenta, que iba consumiendo mis huesos. Mis pasos eran torpes como los de un ciego y me llevaban a lugares sombríos. Me convertí en un vagabundo. Siempre huyendo. Buscaba un oasis para refrescar mi alma. Cada mañana la misma tragedia. La misma ansiedad, la misma rutina. El dolor iba en ascenso. Mi rostro reflejaba la desesperanza. Lo mejor era morir, esos eran mis pensamientos, de mal y no de bien. El mismo escondite, las mismas personas, los mismos chismes. Todo seguía siendo igual de sombrío. Nada cambiaba pero quería cambiar. Enredado y con la soga al cuello, listo para cumplir su cometido, pero el miedo me paralizaba y no podía proceder.
Me llevaba las manos a la cabeza para intentar detener los pensamientos que brotaban a borbollones. Nada me relajaba, al contrario, parecía que se burlaban de mí. Estaba débil pero no lo aceptaba. Podía más el orgullo, la soberbia me llevo por callejones sin salida. Estaba en el precipicio, poco me falto para caer en un abismo sin retorno.
Entre esa multitud gritaba desesperado, pedía ser liberado. Terminaba con la voz ronca, pero no hubo respuesta. En la soledad de mi noche lloraba amargamente. Lo hacía escondido en mi escondite, sin recurrir a nadie, pues era mucha mi altivez. Son trampas para tramposos, me decía. No hay a quien ir, todos son una bola de corruptos, simuladores, convenencieros, ventajosos. Concluía, es mejor solo que mal acompañado. Pero en el fondo el dolor y la soledad me consumían.
No sé de dónde saque fuerzas para levantarme del suelo donde estaba postrado. Quería huir, salir corriendo, sin importar donde fuera, solo huir y después vemos que hacer. Estaba muy enfermo y me encerré en mi pequeño mundo de ilusión. Así fui perdiendo fuerzas. Me abandoné, empecé a subir de peso. Ya no jugaba ningún deporte y tampoco hacía ningún ejercicio físico. Y el pelo seguía cayendo, eso aumentaba mi ansiedad y mis miedos. Estaba derrotado, pero no lo aceptaba. Fingía poder seguir mi camino, pero la realidad me desenmascaraba a cada vuelta que daba. Hacía mucho tiempo que yo había dicho que iba a lograr mi objetivo, que consistía en tener libertad financiera, pero nada hacía al respecto, pensaba que me iba a caer del cielo.
En ocasiones soñaba que iba a encontrar algo que me sacara de mi locura. Yo no sé que sería, pero algo esperaba. Tampoco esperaba algún milagro, pues me consideraba un ateo. Eso sí deseaba salir de mi escondite.

DESCONOCIDO

La enfermedad del alma me había convertido en un verdadero desconocido. En momentos deseaba poder abrazar a mis hijos, dejar de pelear con mi esposa, pero no podía. Fueron muchas noches de pelea contra mis demonios. Era terco y la muralla de piedras mentales que había construido me impedía hacer lo que quería, y esa misma muralla artificial me había cercado, tampoco yo podía salir de ese encierro mental.
Muchas veces mi hija mayor le decía a su madre, porque no lo corres, es mucho el daño el que nos ha hecho. Lo terrible es que era cierto, pero yo no lo aceptaba, al contrario me hacía más hostil hacia ellas.
Había luchado y sin resultados, que llegué a pensar que mi enfermedad era incurable. Supuse que era una enfermedad que me mataría, que no había medicina ni nada que pudiera ayudarme a vencer ese mal.
Creía que era consciente, pero lo cierto es que era todo lo contrario, un ser inconsciente. Un demente. Un loco con ínfulas de sabio, pero que era incapaz de tener una familia integrada y feliz.
Llegaba de noche, a altas horas, fuera de toda lógica, sin preocuparme que Genoveva no se dormía, esperando que yo regresara. Además, nunca les contaba de mis cosas. Era un clandestino y un desconfiado. Mi familia sufría por mi forma grotesca de ser. Nunca salía con ellas. Genoveva parecía madre soltera y en los hechos lo era, pues siempre se ocupó de los gastos de la casa. Cuando, rara vez los acompañaba, iba agachado, con las manos en las bolsas, atrás, arrastrando los pies, enojado, y esperando el momento para agredirlas. Preferían ir solas, pues era una carga pesada de llevar. No en balde mi hija le insistía, córrelo, mejor que se vaya de la casa, para que  lo queremos. Son puros pleitos.
No me conocían y yo tampoco las conocía. Éramos unos desconocidos en guerra permanente. Había heridos, gracias a Dios no pasó a mayores. Uno que otro rasguño y muchas palabras altisonantes. Pues era un cobarde, solo había aprendido a gritar, gritos sordos, pero solo eso había aprendido de mis malas compañías.
Mi vida era absurda, todo lo quería racionalizar, que mi lógica fuera la que siempre ganara. Creía en el materialismo y en la objetividad. Razonaba: “Lo concreto es concreto, porque es la unidad en el seno de la diversidad”, me sentía muy sabiondo. Para todo quería apantallar, con frases rebuscadas. Palabrería hueca y vana. Poses ridículas, incongruentes y estúpidas, pues vivía en la pobreza material y espiritual.

En mi casa me sentía como un inquilino, hasta para comer me escondía, no deseaba que nadie me viera. Me encerraba en mi cuarto cuando estaba en casa, por eso buscaba la forma de estar fuera el mayor tiempo posible, en mis enredos, en mis fantasías de liberar al oprimido. El orgullo seguía ocupando el primer lugar en mi maltrecha vida.

lunes, 25 de mayo de 2015



Es una historia que narra la vida de la región Otomi-Tepehua del estado de Hidalgo.

 
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"Los caminos de Huehuetla: Anselmo Zavala Gomez"

lunes, 27 de octubre de 2014

RECUENTO DE DAÑOS


El 7 de Septiembre de 2014 terminó otra etapa del FIR. Días antes de la elección, los líderes, con arrogancia, decían que iban a conseguir 25 mil votos; conforme se fue acercando el día esperado le fueron bajando a sus expectativas.
Llegó el domingo 7, y a las urnas solo llegaron 12 mil votantes a favor del lema Si hay de otra, de la IDN, el asunto es que al final del día, todos reclamaron la paternidad de los votos, y entre las tribus ese es un conflicto permanente, todos tienen las grandes masas, aunque sean de maíz criollo.
Con ese resultado en el ámbito delegacional, quedo en evidencia, que mucho es simulación. La IDN  obtuvo 43 consejeros, y no alcanzan el 60% necesarios para ganar la presidencia, se tendrá que realizar alianzas estratégicas para lograrlo.
Algunas voces creen que los líderes fallaron. No fue así; lo que ocurrió ese domingo 7, fue el resultado natural del mal trabajo y de la incapacidad de movilizar a sus bases de apoyo. Los números son fríos y no mienten, eso es lo que traen. Los líderes quedaron evidenciados. No traen lo que dicen traer, ese es el resultado y los coloca en su justo lugar. Eso es lo que tienen, lo demás son palabras, justificaciones y cuentos guajiros, pero la realidad es terca, como la mula del tío Cleto y coloca a cada quien en su lugar.
A los lideres todo les falló, no solo fueron las cuentas alegres, también fue la estructura electoral, fue un fracaso y las despensas fueron un regalo a la torpeza política.
Lo que sigue es pasar del recuento de los daños y reordenar la casa del FIR con una nueva estructura organizativa y otra forma de coordinación, pues vamos a una contienda electoral altamente compleja, sobre todo después de los acontecimientos de Iguala y el PRD queda como cómplice y está en el banquillo de los acusados, Aguirre tenía que solicitar licencia para calmar la tempestad, pero el conflicto no parara con ese tardío acto de la presidencia.
Iguala y el 26 de Septiembre estarán en la memoria de la gente el próximo 7 de Junio de 2015, y pagaran justos por pecadores, a alguien le pasaran la factura y ocurre que en ocasiones es al que menos la debe, pero en rio revuelto nada es previsible.
Para no quedarse esperando, necesitamos preparar las condiciones para no volver a fallar, sobre todo cuando los ánimos están muy encrespados, la ciudadanía está cansada, con mucho rencor social, y no busca quien se la hizo sino quien se la pague.
La elección de 2015 está contaminada y los partidos políticos están en su peor momento, la gente ha dejado de creer en los políticos, puede caer la participación electoral por debajo de la franja del 40%, y las candidaturas independientes podrán subir y ser bien vistas, ante la descomposición del régimen.
Nuestro equipo tendrá que diseñar una estrategia exitosa, con tiempos, movimientos y responsables para hacer un buen papel.
Estamos a tan solo 220 días del 7 de junio, esto es, a la vuelta de la esquina de la próxima jornada electoral y el tiempo corre veloz, nada lo detiene, cada día que pasa es un día menos, que no se recupera. No hay tiempo que perder, nosotros podemos ser el fiel de la balanza, ante el descalabro que sufrimos, los compañeros de la dirección ya demostraron lo que pueden hacer y los resultados ya lo sabemos, claro, no es fácil, requiere oficio, capacidad y responsabilidad.
Tenemos que organizar un pequeño ejército de 1000 personas, ya probadas, pues no hay tiempo para formar nuevos cuadros. Una tarea sencilla, pero importante es hacer un listado de cuantas personas conocemos en el distrito 37, esa tarea parece inofensiva y trivial, no lo es, será parte de nuestro capital social para ganar los comicios del próximo año.
Estamos a tiempo de organizar a las dos estructuras básicas para el proceso, la de promoción del voto, y ahí necesitamos a 110 promotores del voto, uno por cada sección electoral, y la estructura de defensa del voto, dos por cada casilla, si son 274 casillas, necesitaremos 540 persona capacitadas, más 70 representantes generales y los representantes del consejo distrital, no podemos confiar en aquellos que ya fallaron, lo tenemos que hacer nosotros.

Hoy iniciamos esta nueva etapa y si queremos ayudar a ganar el 37 debemos disciplinar nuestro quehacer, a fin de año tendremos que organizar un evento en el distrito 37 para mostrar la capacidad organizativa y que nos crean que es en serio el asunto. Está en juego mucho.

CAMINO DE LAS IZQUIERDAS


México vive momentos de gran tensión social. Hay gran descomposición del estado mexicano y se muestra en la gran irritación social imperante en la sociedad. Hay un fracaso del modelo neoliberal vigente desde los años ochenta. La violencia recorre las calles del territorio nacional. Las evidencias están a la orden del día, son muchas y van sembrando cadáveres por doquier. Los últimos acontecimientos de iguala, el pasado 26 de septiembre nos colocan como país en la barbarie. Lo que se perpetro con los 43 muchachos normalistas de Ayotzinapa, guerrero, fue un genocidio. Fueron víctimas del odio. Y ocurrió con tanta saña, por parte de las siniestras fuerzas oscuras que los ojos del mundo quedaron horrorizados por el grado de violencia de México. Por lo mismo, no tardaron en levantar la voz de indignación para censurar al presidente que mal gobierna México.
Lo que hicieron las fuerzas del desorden en iguala no tiene nombre ni tiene perdón. Fue un acto diabólico perpetrado por las fuerzas satánicas. El grito de dolor ya recorre el mundo y no va a parar con la licencia de Aguirre.
La búsqueda de la justicia, verdad igualdad, libertad, felicidad son los caminos que transitan las izquierdas, son millones las voces que se levantan, desde el mar hasta el desierto, del valle a la montaña, de la periferia al centro, son todos los colores y sabores. Es tanto el coraje des de las izquierdas que anuncian un nuevo momento de insurgencia cívica. No van a parar hasta ver en el suelo al presidente. El crimen de lesa humanidad puso al descubierto quien mal gobierna México y son los poderes facticos quienes se han encargado de encumbrar a parapetos, pero lo de iguala ya rebaso la violencia institucionalizada. Fue la gota que derramo el vaso.
Iguala se recordara por los 43 normalistas cruelmente desaparecidos, y el 26 de septiembre será la bandera que se enarbolara a raíz de ese suceso, millones de seres humanos se aglutinaran en el movimiento 26 de septiembre de iguala, M26SI. Le dará rostro y bandera de lucha a muchas de las izquierdas ahora dispersas. En las grandes marchas   ocurridas en México y el mundo ya caminan los nuevos caminos de las izquierdas, más allá de los partidos electoreros.
Son tiempos peligrosos, la violencia esta desatada, las fuerzas oscuras se fueron preparando para tomar el poder. El resultado está a la vista de todos, mayor miseria y una violencia generalizada.
Frente a ese panorama ya pocos, muy pocos creen en los políticos y en los partidos políticos. Hay cansancio y aburrimiento en la forma tradicional de gobernar. Cada vez son menos los que aun apuestan  a la vía electoral como mecanismo para superar la desigualdad y la pobreza. La mayoría por ahora se limitan de participar, se abstienen como una forma pasiva de protestar.
Al político no lo bajan de corrupto, lo catalogan como un bandido con licencia. Los ciudadanos de a pie van a empezar a votar por sus iguales, la candidaturas independientes serán novedad. A los otros ya los conoce y desconfía de ellos. Los que votan por los candidatos de los partidos son aquellos que están corporativizados y los que reciben las dadivas a cambio de su voto. Esa es una realidad.

Siempre hay que mantener la mente fija en la estrella, pero hay que advertir donde se ponen los pies, no sea que vayamos a dirigirlos hacia algún abismo.

jueves, 9 de octubre de 2014


PODER CIUDADANO

El propósito de esta entrega tiene la firme intención de cooperar para crear las condiciones que posibiliten la armonía en nuestra comunidad y facilite la reproducción de la vida, tomando en cuenta todas las voces, sin excluir a nadie, todos nos necesitamos, pues somos personas con derechos consagrados en las normas jurídicas. Hemos iniciado la interacción comunitaria a partir de reconocer aquello que no nos gusta, y lo hacemos a través de la observación y el análisis de la problemática. Una de las cosas que se repiten cada vez con mayor frecuencia en el barrio Xóchitl es el asalto a mano armada y a pleno luz del día a los automovilistas para despojarlos de su vehículo particular sin que las autoridades hagan algo para evitar este tipo de atropellos; también ha crecido la venta de drogas en las inmediaciones del campo, no es un asunto menor, varios jóvenes de la comunidad han caído en las garras de estos delincuentes. El clima de violencia es alto en el barrio, se siente en el aire, además hay un desorden que se evidencia en el abandono en que está la comunidad. Son pocos los vecinos que acuden al parque, el foro cultural está desierto y sucio. Un grupo de personas nos hemos dado a la tarea de realizar festivales populares con la intención de fomentar la convivencia vecinal. Cada uno pone su granito de arena y cada quien se hace responsable de sus actos. Nuestro interés es formar poder ciudadano.
Éstas palabras son fuertes, no se dicen en público, se reservan para espacios cerrados, pero la realidad de desesperanza obliga a crear el instrumento que sirva a los intereses de los habitantes del barrio y la ciudad. Los ciudadanos nos tenemos que organizar para defender nuestro espacio.
Somos seres sociales y políticos y tenemos necesidades que van más allá del vestido, la alimentación y la vivienda, necesitamos de un espacio de representación ciudadana, donde podamos reunirnos para expresar nuestros sentimientos, analizar lo que sucede en el entorno y lo más importante transformar lo que no nos gusta de nuestra realidad.
En el ámbito político no hay vacíos, todos los espacios se llenan. Los vecinos descuidaron el Xóchitl y llegaron personas que lo aprovecharon para realizar su negocio. Los vemos y algunos los conocemos pero no estamos haciendo lo suficiente o nada por cambiar esta situación. Nuestra omisión también es una forma de participación. Estamos esperando que el otro tome la iniciativa de rescate del Xóchitl.
El tiempo transcurre y en unos días estaremos en el 2015, y empezarán las campañas de los partidos políticos, ahora son más, ya son 10 los partidos que visitarán a los vecinos del Xóchitl y les ofrecerán las perlas de la virgen y en los hechos les darán algunas migajas, “Atole con el dedo”. Los partidos quieren parte del botín de la comunidad y alcanzar la meta electoral que les impuso el Instituto Nacional de Elecciones para seguir pegados a la ubre del presupuesto.
Los vecinos del Xóchitl conocemos nuestro entorno y estamos al pendiente de la coyuntura que se avecina y que su punto de llegada será el 7 de junio de 2015, para no ser seducidos por el canto de la sirena, ya iniciamos la organización, y nos estamos reuniendo los sábados a la 1 de la tarde en el Foro del Xóchitl, es un espacio plural, abierto, autónomo, libre e independiente de cualquier partido político, le hemos denominado “Consejo Comunitario de Barrios y Colonias Cuicuilcas”. Todas y todos estamos invitados a ser parte de este esfuerzo organizativo, estamos practicando la democracia participativa. En las reuniones hacemos caso a la razón de la realidad, el sentido común nos interpela con su sabiduría a través de las voces sencillas de los vecinos. La verdad se dice de frente y la palabra cobra vida en las acciones comunitarias, pues los hechos dicen más que mil palabras.
Los ojos y los oídos de la comunidad están al pendiente de lo que se dice y como se dice, el lenguaje es fundamental, es inclusivo, colectivo y solidario, no es individual, excluyente ni mezquino. Todas las opiniones son bienvenidas, no se discrimina a nadie por su posición social, racial, color, preferencia sexual, cultural o de cualquier otra índole.
Partimos de nuestra realidad, siempre lo vamos a estar insistiendo, hoy por hoy quebrantada por la violencia, pero esa misma realidad nos vincula, nos confronta, nos interpela y nos obliga a hacer algo diferente, porque la apatía es cómplice, lo dice la sabiduría popular “Es tan culpable el que mata la vaca, como el que le agarra la pata”.
Por cierto somos una comunidad con poder. En 1995 una supuesta dueña escrituro el predio donde se encuentra el foro y deportivo Xóchitl, y nunca pudo ni podrá tomar posesión del mismo. Ese hecho es un claro indicador de que la comunidad tiene poder, y ahora que lo sabes podemos ir más lejos, lograr que recobre la paz y la tranquilidad del Xóchitl.
Una acción que estamos haciendo es quitarle el freno de mano a la falta de participación y para lograr que interactuemos a favor de la comunidad fue preguntarnos que no me gusta de mi entorno, qué es lo que quiero cambiar?. Ese fue el motor que detonó el deseo de volver a participar. Empezamos con cosas inofensivas, sencillas, realizando un festival popular, ese acto modesto llamó la atención de otros vecinos que nos dijeron que buena honda ya hacía falta que alguien tomara la iniciativa de provocar al otro. Ahora lo que se busca es embellecer el rostro del Xóchitl, no es de un día para otro, mucho tiempo lo dejamos al garete, nos va a costar algo de tiempo ponerlo de manteles largos pero lo vamos a lograr, por lo mismo estamos llamando a que lo hagamos entre todos y todas, así pesa menos el muerto.
Claro que para lograrlo, necesitamos romper la secuencia de los actos bandálicos y encontrar los puntos de ruptura, pues la cadena se rompe por lo más delgado. Tenemos que entender como se conformaron las relaciones de los malos ciudadanos. Cuestionar que estamos haciendo mal como comunidad para enmendar y corregir nuestros pasos, pues nadie va a venir de afuera a arreglar nuestros asuntos. La comunidad necesita despertar de su largo sueño y tomar consciencia de su poder. Será un proceso que llevará tiempo, algunos se sentirán que son victimas y que no los tomamos en cuenta, pero es un pretexto, nadie sobra, todos nos necesitamos, hay que repetirlo las veces que sean necesarias. El espacio es común, es tuyo y es mio, es de todos. No hay nada que esconder, trabajamos a la luz del día. Por ahora somos como esa gota de lluvia, que sola da pena, es débil, es vulnerable, pero juntas forman un rio caudaloso, unidas son temibles, pues se pueden convertir en un Tsunami.
Si ahora somos un poder aunque estamos dispersos, imagínate cuando estemos articulados, haremos la transformación de la que ahora solo soñamos. Ya iniciamos y le estamos dando vida a la organización comunitaria, primero un paso y luego otro y de repente será un tropel que avanzará a pasos gigantes.
Hay riesgos, siempre los hay, en todo proceso social nunca faltan las víctimas. También habrá provocadores, algunos se presentaran de manera inofensiva, trataran de dividir, otro riesgo es la corrupción, no faltara algún malora que quiera comprar la voluntad de alguien. Habrá amenazas, indirectas y provocaciones. De ahí nuestro lema: “Vamos despacio, porque vamos lejos”.